viernes, 23 de septiembre de 2011

Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito

Cuando, el 20 de diciembre de 1965, la hija de Timothy Leary fue descubierta en posesión de marihuana, su padre decidió asumir toda la responsabilidad, por lo que acabó en la cárcel, con una sentencia de treinta años y pagando una buena cantidad de d nero por posesión de drogas. No 
obstante, el profesor Leary, doctor en filosofía, licenciado en psicología y conferencista en Harvard , acusó al gobierno de haber aplicado sobre él una ley anticonstitucional, que violaba la quinta 
enmienda de los Estados Unidos. Tres años más tarde, la ley que lo
acusaba se declaró anticonstitucional (Leary basaba su argumento en el derecho a profesar su religión, y resulta que en la religión de los nativos residentes en México se utilizaban drogas para provocar estados alterados de conciencia, trances, etc.). Sin embargo, los esfuerzos titánicos de Leary no fueron por legalizar la marihuana, sino el Ácido Lisérgico, más conocido como LSD.
Leary estaba convencido de que esta herramienta era la mejor medicina para acabar
 con todas y cada una de las guerras, e instaurar una nueva época de paz y amor
 fraternal, e incluso mundial. De ahí su vocación mesiánica, y que se convirtiera en casi un propagandista del LSD, bajo el lema “Turn on, tune in, drop out”.
<<Todos tenemos gran parte de la mente cerrada. Estamos separados de nuestro 
propio mundo. Y este tipo de drogas parecen llaves que abren las puertas cerradas>>.  Afirmó Ken Kelsey, autor de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que descubrió el
 LSD presentándose como cobaya para experimentos hechos en un hospital. Ulteriormente recogería sus impresiones en su más famoso libro.   
Fueron muchos los psicólogos, científicos, filósofos y artistas que apoyaron el uso del ácido: un gran número de psicólogos utilizaron el ácido lisérgico en terapia psicolítica, psiquedélica e hipnodélica   , obteniendo excelentes resultados. El LSD no sólo demostró ser útil para el psicoanálisis, sino también eficaz en el tratamiento del alcoholismo.
Entre sus mayores defensores cabe destacar a Aldous Huxley, escritor y ultradefensor del LSD, hasta tal punto que pidió que se le suministraran dos dosis casi seguidas como terapia agónica. Artistas como Dalí, Paz y Michaux también consumieron el ácido.
El LSD se convirtió en una droga muy popular, y muchos fueron los que quisieron colaborar en las investigaciones de Leary: alumnos de Harvard, profesores, artistas y escritores ligados al estilo beat y una amplia selección de personalidades heterogéneas unidas por la notoriedad y opulencia económica.

<< El LSD puro ingerido en dosis moderadas no lesiona los cromosomas, in vivo, no 
produce lesión genética detectable y no es teratógeno o carcinógeno para el ser
humano>>. Declaró la revista Science, probando que el ácido no provocaba daños 
al organismo. No obstante, el LSD provocó que mucha gente perdiera el miedo a los 
opiáceos (debido a la desinformación general), provocando una inmensa revolución 
de las drogas en los años sesenta, encarnadas en el movimiento hippy (nómbrese el 
festival de Woodstock, donde miles de personas consumían marihuana, LSD y otras 
muchas drogas al ritmo de Let’s get high).

Los consumidores de LSD experimentaban un cambio radical en sus vidas, incluso 
los que sufrieron “malos viajes” encontraron en su ingestión una experiencia positiva y enriquecedora. No en todos los casos: Charles Manson (el famoso líder satánico)
 experimentó con el ácido la muerte de Cristo, lo que no hizo más que impulsarlo en su tarea. Según Leary, la consumición del LSD debería estar prohibida a menos que un 
psicólogo hubiera dado el visto bueno, para evitar que personas perturbadas la utilizaran mal. Por otro lado, encontramos el curioso caso de diez muchachos de Laguna 
Beach que cometieron un robo a mano armada en una fiesta en Hollywood Hills para
hacerse con ácido. Cuando regresaron, fueron a la playa, tiraron las armas al mar y
 vieron a Dios. Esto demostraba, en palabras de Leary, que el LSD sevía para hallar
 lo divino, además de a uno mismo (propósito final de la psiconáutica).

El final del ácido lisérgico se produjo tras una intensa campaña de desprestigio por los medios de comunicación, los mismos que apoyaron esta droga en un principio, ahora sometidos a la presión del gobierno, a su vez presionado por la Iglesia, que acusaba a la droga de hacer abandonar las órdenes religiosas a seminaristas y clérigos que, a 
pesar de haber robustecido su vocación religiosa, comprobaron el absurdo de la
 castidad y el celibato (ratificando así que el LSD era el más potente afrodisíaco jamás descubierto).

Pero ni el doctor Leary, ni R.Kennedy (hermano de John Kennedy, de quien se 
asegura que tomó al menos una vez LSD con su amante Mary Pinchot, quien dirigió
 los debates y no tuvo inconveniente en aclarar que su mujer había recibido terapia
 psiquedélica años atrás con resultados más que satisfactorios, pudieron impedir
 que los funcionarios de laNacional Institute of Mental Health y de la Food and Drug
Administration, consiguieran prohibir completamente el consumo de LSD. Lo hicieron además evadiendo contestar a las preguntas de Kennedy, quien se planteaba extrañado cómo la droga había dejado de ser valiosa en seis meses. También cayeron en 
contradicciones en sus argumentos con la naturaleza de la droga (hablando del 
LSD como si pudiera causar adicción, cuando estaba demostrado que era imposible, ya que la droga dejaría de hacer efecto si se ingiriera varios días seguidos).

Fue así como el LSD se prohibió en EE.UU. La CIA se apoderaría poco después de la 
patente, impidiendo su fabricación.
Gracias al excelente servicio de los altos funcionarios antidroga (y pro-desinformación e ignorancia), el LSD-15 de los años sesenta desapareció, provocando la consumición de LSD adulterado o peor, de opiáceos como la heroína y la cocaína: drogas nocivas y altamente adictivas. También fue un gran paso contra la psiconáutica, que perdía la mejor droga para la experimentación.

Esto no impidió que Timothy Leary siguiera defendiendo el consumo de algunas
 drogas con la ciencia, psicología y filosofía.  Siguiendo su estela, el filósofo y 
psicoauta Robert Anton Wilson aceptaría como válido (es más, como base para 
sus prácticas con estados alterados de conciencia para la psiconáutica) las 
teorías de Leary, además de facilitar en uno de sus libros la comprensión de
 la teoría de los ocho circuitos de conciencia formulada por el doctor Leary.

Hoy, por desgracia, sólo tenemos drogas nocivas como legales (el alcohol y 
especialmente el tabaco, socialmente aceptada, perjudicial para la salud, adictiva y 
carente de efectos positivos), aunque sigue siendo posible encontrar ácido en 
algunas plantas de forma legal y consumirlo por medio de estas (solución que adoptaron los hippies de los setenta).


Timothy Leary murió con más de ochenta años, sintiéndose una de las personas más felices y completas de la tierra.

<<Si pudiésemos diariamente aspirar o ingerir algo que aboliera nuestra soledad
 individual durante cinco o seis horas, que nos reconciliara con nuestros
 semejantes en una ardiente exaltación de afecto e hiciera que la vida nos pareciese
 divinamente bella y trascendente, y si la naturaleza de esa droga permitiera que 
a la mañana siguiente nos despertásemos con la cabeza despejada y el organismo 
indemne, la tierra se convertiría en un paraíso>>


                          Aldous Huxley